Mi Corazon

Mi Corazón: Hogar de Cristo

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Invita a Cristo a morar en tu corazón y transforma tu vida con su amor, paz y guía espiritual real.

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Mi Corazón:

Hogar de Cristo

por Robert Boyd Munger


Pablo escribió a los efesios:

"que sean fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones" (Efesios 3:16-17).

Alguien tradujo así:
“Que Cristo se acomode y se sienta en casa en sus corazones por la fe.”


La sorprendente enseñanza cristiana:

Jesucristo, por el Espíritu Santo, realmente entra, habita y hace su casa en todo corazón humano que le da la bienvenida.


Jesús dijo a sus discípulos:

“El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”
— Juan 14:23

Aunque pronto dijo que los dejaría (Juan 13:33), prometió morar en ellos.


Pentecostés:

El Espíritu del Cristo vivo fue dado a la iglesia, y comprendieron: Dios no habita en templos hechos por manos humanas, sino en corazones humanos.

El cuerpo del creyente es templo del Dios vivo,
y el corazón humano, hogar de Jesucristo.


Recuerdo imborrable:

Jamás olvidaré la noche cuando invité a Cristo en mi corazón.
No fue un evento espectacular ni emocional, sino muy real, en el centro mismo de mi alma.


Su entrada:

Trajo luz a mi oscuridad.
Encendió fogata en la chimenea de mi vida y despidió el frío.
Puso música donde sólo había silencio, armonía donde había discordia.
Su amante comunión llenó el vacío.


Apocalipsis 3:20

“Aquí estoy a la puerta llamando; si alguno me abre, entraré y cenaré con él, y él conmigo.”

Si quieres conocer a Dios íntimamente,
ábrele tu puerta e invítale a entrar como tu Salvador y Señor.


Recorrido por mi corazón con Jesús


La biblioteca

— el estudio de la mente —
un cuarto pequeño, paredes gruesas, centro de control.

Jesús miró mis libros, revistas y cuadros en la pared.
Sentí vergüenza. Había libros y pensamientos que no debía conservar.


— “Maestro, esta habitación necesita limpieza y orden. ¿Me ayudarás?”

— “¡Claro que sí! Recoge toda la literatura que no es pura ni buena y échala. Llena la biblioteca con la Biblia y medítala día y noche. Y coloca mi retrato en el centro de tus pensamientos.”


El comedor

Lugar de apetitos y deseos.

Serví a Jesús mis platos favoritos: dinero, prestigio, poder, fama, deportes, placeres mundanos...
No le satisfacían.


— “Tengo comida que tú no conoces: hacer la voluntad del que me envió” (Juan 4:31-34).
Si quieres verdadera satisfacción, busca complacer a Dios antes que tus deseos egoístas.


La sala

Lugar tranquilo e íntimo, con chimenea, sofá y libros.

Jesús dijo:
“Aquí estaré todas las mañanas para encontrarnos.”
Los tiempos de lectura, oración y compañía hicieron fuerte nuestra amistad.


La lucha cotidiana

Poco a poco, el tiempo con Jesús se acortó; me creí muy ocupado.

Una noche vi la puerta entreabierta, con una fogata y a Jesús sentado.


— “Maestro, disculpa, ¿has estado aquí?”

— “Sí. Recuerda que te amo y aprecio tu compañía. No descuides nuestro tiempo juntos, aunque sólo sea por mí.”


El taller

Un banco y algunas herramientas, pocos talentos y poca producción.

Jesús me dijo:
“Sin mí nada puedes hacer. Ven y déjame obrar a través de ti.”
Puso sus manos sobre las mías y comenzó a trabajar.


El salón de juegos

Jesús quiso acompañarme en mis diversiones y amistades, aunque yo intenté excluirlo.

Aprendí que la verdadera alegría está con Él:
“Vine para que mi gozo esté en ti, y tu gozo sea cumplido” (Juan 15:11).


El dormitorio

Hablamos sobre la pureza en las relaciones.
Jesús enseñó que el sexo es un regalo sagrado para el matrimonio, expresión de amor y vida.


El armario

Un olor feo reveló que había cosas muertas guardadas bajo llave.

— “No le doy la llave,” pensé.

Jesús respondió:
“No puedo quedarme donde hay olor a podredumbre.”
Me rendí y le entregué la llave. Él limpió y renovó todo.


Traspaso del título

Después de luchar para mantener mi corazón limpio, le pregunté:

— “¿Puedes manejar toda la casa en mi lugar?”

Jesús respondió:
“Claro, pero necesito que seas el anfitrión y me des autoridad.”


Firmé el traspaso:
Él es ahora dueño y señor de mi corazón.

Una profunda paz me llenó; soy suyo y Él es mío para siempre.


Que Cristo se acomode y se sienta en casa como Señor de tu corazón también.

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