
SER CRISTIANO … ¿Qué significa para Ud.?
$0.06Descubre el verdadero significado de ser cristiano: una guía espiritual profunda sobre fe, amor y vida eterna.
Quantity
Shipping Cost: $0.00

Descubre el verdadero significado de ser cristiano: una guía espiritual profunda sobre fe, amor y vida eterna.
Quantity
Shipping Cost: $0.00
La injusticia social, el aumento de la violencia, y la inmoralidad son algunos de los rasgos dominantes del mundo de hoy. Lástima que los países "cristianizados"—donde durante siglos la religión ha frenado el aflojamiento de las buenas costumbres—ahora dan más bien un ejemplo de perversión y corrupción ante las demás naciones.
¿Terminará en el fracaso total del cristianismo y el triunfo del mal sobre el buen?
¡No!… pues, no son los principios cristianos los que fracasaron, sino los cristianos mismos. La triste realidad es que los cristianos en general no hemos tomado a pecho, ni menos, vivido la doctrina de Cristo: doctrina supremamente admirable que enseña la obediencia a Dios y el amor al prójimo. Muchos hay también que hasta hablan favorablemente de la moral cristiana, pero no aceptan a aquel que la originó y quien la inspira… Jesucristo.
¿Sabe Ud. que, bíblicamente, un cristiano no lo es sólo al tomar tal nombre, sino que un cristiano es un discípulo de Cristo y representante suyo frente al mundo? Quienes se llaman cristianos pero no viven de acuerdo a las enseñanzas de Cristo dan motivo de blasfemar.
“El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros”;
por tanto,
“apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (Romanos 2:24; 2da Timoteo 2:19).
¿Tiene usted derecho a llamarse cristiano? ¿Es un discípulo de Jesús según la definición que él mismo pronunció:
“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”?
O, ¿es usted de aquellos a quienes Cristo dirá cuando se presentan ante él:
“Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”? (Juan 8:31; Mateo 7:23)
Un verdadero cristiano no lo es sólo por estar inscrito en el registro de los miembros o de los bautizados de una iglesia. No son estos los libros que se consultarán cuando todos comparecerán ante Dios y serán juzgados conforme a sus obras, pues:
“Otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida… Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:12-15).
El apellido que Ud lleva le identifica como nacido en su familia, parentesco que consta en el registro civil. De la misma manera la Biblia enseña que precisa un nacimiento para poder llamarse por el nombre de Jesucristo y entrar en la familia de Dios —un nuevo nacimiento.
Sólo así figura nuestro nombre en el libro de la vida, el “registro celestial” donde Dios inscribe a aquellos que han creído en su Hijo y lo han recibido como su Salvador personal.
“A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).
Usted leyó bien… es una potestad, un derecho, pero basado exclusivamente en la obra de Cristo y no en los méritos de uno. Uno no es cristiano por ser mejor o más religioso que otros, sino por una íntima relación —un parentesco— con el Señor Jesús.
Ya se ve que el cristianismo no es un conjunto de ritos, ceremonias, dogmas y reglamentos religiosos, ni es una lista de prohibiciones. Es esencialmente el conocimiento de una persona —Jesucristo; es haber entrado en parentesco con él por (un nuevo) nacimiento en la familia de Dios.
Jesús habló de la necesidad del nuevo nacimiento a Nicodemo, un importante rabino judío, el cual preguntó:
“¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?”
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios… Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:5, 16).
Esta relación se establece una vez para siempre cuando reconocemos que somos culpables pecadores condenados al juicio eterno, y nos arrepentimos y recibimos el perdón que Dios nos ofrece en su Hijo. Aceptamos la salvación gratuita ofrecida por Dios a base de la redención que su Hijo Jesucristo efectuó cuando murió en la cruz del Calvario.
Le recibimos por la fe y de una vez se nos acredita todo el valor de su obra y de su sangre derramada para borrar nuestros pecados. Al mismo tiempo recibimos el nuevo nacimiento y la nueva vida (Romanos 3:23; 6:23).
Además, en ese momento el Espíritu Santo entra en nuestra vida y permanece con nosotros. El Espíritu ayuda al nuevo discípulo a vivir la vida que agrada al Señor. Empieza a producir su “fruto del Espíritu” que trae paz interior, paciencia, gozo verdadero, amor hacia Dios y al prójimo, y ánimo para servir a Cristo (Juan 13:16-17; Efesios 1:13; Gálatas 5:22-23).
El amor cristiano es un amor recíproco.
“Le amamos a él porque él nos amó primero” (1ra Juan 4:19).
Por cuanto le amamos, buscamos su presencia y nos gozamos en la lectura y la obediencia a su Palabra. Al andar así con él, el Espíritu nos va conformando a la imagen de Cristo y comenzamos a manifestar algo del carácter de Cristo en nuestras vidas. Lejos de ser una religión de formas y obligaciones, el cristiano reconoce la gracia inmensa del Señor y los derechos que él tiene sobre la vida de los suyos.
El cristiano verdadero encuentra gozo y satisfacción en vivir para agradar a Cristo, y así se asemeja más y más a él. La esposa que ama a su marido no necesita que éste le prepare el programa de cada día, sino que hará espontáneamente y con mucho gozo las tareas correspondientes a su vida en común con su amado.
Para hacer lo que agrada al Señor, es necesario vivir en intimidad con él, entender lo que le agrada y lo que le desagrada. La Biblia, que es la expresión de todos los pensamientos de Dios, nos enseña.
“El que me ama, —dijo Jesús— mi palabra guardará” (Juan 14:23).
Un hombre se define por sus deseos. Si ama el dinero, es un avaro; si busca el poder, es un ambicioso; y si ama a Jesucristo, es un cristiano.
“El amor nos constriñe… por todos (Cristo) murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2da Corintios 5:14-15).
Cuando se entiende de esta manera, la vida cristiana no es sólo un hermoso ideal y la más noble de las causas, sino es la única vida verdadera, porque ella conlleva la certidumbre de la eternidad.
Por cuanto Jesucristo es el objeto de la vida cristiana, es también la única causa digna de que se viva y se muera por ella.
We use cookies to ensure you get the best experience on our website. For more information on how we use cookies, please see out cookie policy. Cookie Policy